Fernando Ricárdez, entre el código y la pintura, gana el Premio Municipal de las Juventudes León 450

Entre códigos, pinceles, radiografías y lienzos, Fernando Manuel Ricárdez Lara ha construido una trayectoria que difícilmente cabe en una sola disciplina. Ingeniero de software y sistemas computacionales, egresado de la Universidad La Salle Bajío, comenzó a pintar en 2022 y encontró en el arte una forma de explorar su propia experiencia con la discapacidad, la enfermedad y la memoria. Este año, ese camino lo llevó a recibir el Premio Municipal de las Juventudes León 450, en la categoría Discapacidad e Inclusión.

A sus 30 años, Fernando ha desarrollado un trabajo artístico en el que utiliza elementos relacionados con el ámbito médico, como radiografías y resonancias magnéticas.

Foto: Cortesía.

A sus 30 años, Fernando ha desarrollado un trabajo artístico en el que utiliza elementos relacionados con el ámbito médico, como radiografías y resonancias magnéticas, para hablar de los cuerpos, la herencia familiar y las experiencias de quienes viven con enfermedades raras. Uno de sus proyectos es “Formas de habitar la Atrofia Muscular Espinal”, en el que ha retratado a personas mexicanas que viven con esta condición. Su trabajo incluso llegó a una exposición en Kansas, Estados Unidos, donde presentó 50 obras.

Su acercamiento al arte comenzó mucho antes de convertirse en pintor. Desde niño estuvo rodeado tanto de tecnología como de expresiones artísticas. A los cuatro años, su padre llevó una computadora a casa, despertando su curiosidad por los sistemas y los videojuegos, mientras que los ensayos de danza de su madre y las visitas a museos alimentaron su sensibilidad visual.

Esa combinación también estuvo presente durante su formación profesional. Entre 2015 y 2019 estudió en La Salle Bajío, donde complementó su preparación con talleres y materias relacionadas con historia del arte, filosofía y creación literaria. Para Fernando, esas experiencias fueron una manera de mantener cerca la parte creativa mientras avanzaba en su formación como ingeniero.

Sin embargo, fue en 2022 cuando decidió acercarse de lleno a la pintura. Después de enfrentarse a largas jornadas frente a las pantallas por su trabajo en la industria tecnológica, sintió la necesidad de alejarse por un momento del entorno digital y experimentar con materiales físicos.

Compró sus primeros pinceles y comenzó a experimentar.

“Empecé haciendo porquerías, y luego cosas nomás feas, y luego cosas mediocres; luego ya empezaron a salir cosas más o menos buenas. Me fui sorprendiendo a mí mismo”, relató.

La pintura terminó convirtiéndose en un espacio para procesar experiencias personales.

Foto: Cortesía.

La pintura terminó convirtiéndose en un espacio para procesar experiencias personales. Fernando fue diagnosticado con Atrofia Muscular Espinal (AME) aproximadamente a los dos años de edad, una condición neuromuscular de origen genético que provoca debilidad muscular y pérdida progresiva de fuerza. A lo largo de su vida también ha enfrentado otros procesos médicos, entre ellos la extirpación de un tumor cerebral.

Esas experiencias aparecen en su obra. Una de sus piezas, “Cortaron mi pantalón en urgencias”, forma parte de la exposición Tránsitos. Una tierra que desborda, presentada en Mi Museo Universitario La Salle.

El artista también ha encontrado en el universo médico una manera de hablar sobre la relación entre el cuerpo, la tecnología y quienes participan en los procesos de atención. En sus palabras, los hospitales reúnen máquinas y procedimientos, pero también están formados por personas que trabajan para mejorar la vida de otros.

La evolución de la AME también lo llevó a modificar su manera de pintar. Fernando tuvo que trasladar su técnica de la mano derecha a la izquierda y fue precisamente con esta última con la que comenzó a desarrollar algunas de sus obras más importantes.

Su producción también explora la historia familiar. En piezas como “Árbol familiar”, utiliza radiografías y estudios médicos para convertir estructuras óseas en elementos de una composición que habla sobre la herencia, la fragilidad y los vínculos entre generaciones.

Su trayectoria artística ya había recibido reconocimiento antes del premio municipal.

Foto: Cortesía.

Su trayectoria artística ya había recibido reconocimiento antes del premio municipal. En 2024 obtuvo una mención honorífica en la 11ª Bienal Universitaria de Arte Contemporáneo de la Universidad Autónoma de Baja California. Posteriormente, sus piezas llegaron a Campeche, Aguascalientes y Kansas, donde presentó 50 obras.

Este año, su proyecto artístico, su participación en comités de inclusión para personas con discapacidad, su exposición en Kansas y su trabajo alrededor de la Atrofia Muscular Espinal formaron parte de los elementos considerados para otorgarle el Premio Municipal de las Juventudes León 450.

Para Fernando, compartir su experiencia también representa una oportunidad para que otras personas con discapacidad se permitan explorar intereses que van más allá de las etiquetas. Su invitación es acercarse a distintas manifestaciones de la creatividad y encontrar aquello que despierte curiosidad, desde la pintura y la literatura hasta la ciencia y el deporte.

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