El único guanajuatense que hace arte con plantas
Gilberto Molina es actualmente el único artesano guanajuatense que transforma pequeñas fibras naturales en paisajes llenos de color. Originario de la Ciudad de México, pero con más de 40 años radicando en León, este artesano conserva el arte del popotillo, una de las técnicas más antiguas del arte popular mexicano.
Visibilizando este oficio transmitido de generación en generación, el arte de Don Gilberto está hecho con materiales que él mismo crea.
“Este trabajo lo heredé por parte de mi mamá. Yo cosecho la fibra, la tiño en distintos colores y la pego una por una con cera de abeja”, explicó.
El proceso, detalló, inicia en el campo, ya que la planta que utiliza crece de manera natural, y prospera especialmente en zonas frías como Dolores Hidalgo, donde Gilberto suele recolectarla.
Don Gilberto lleva más de 40 años dedicándose a este oficio.
Foto: Ana Ortigoza.
“Es una fibra muy delgada y sólida, perfecta para maniobrarla al momento de plasmar los dibujos. No hay mucha ciencia, pero sí mucha paciencia”, comentó.
Su técnica combina tradición y dedicación. Para crear un cuadro mediano, el artesano tarda alrededor de 18 horas, ya que cada sección se elabora en pequeños fragmentos que luego ensambla. Con la uña, corta cada hilo de popotillo y lo acomoda cuidadosamente hasta formar figuras, paisajes y escenas inspiradas en el estado de Guanajuato.
“Cada cuadrito me toma unas tres horas, y un cuadro grande puede tardar hasta dos días completos de trabajo”, relató.
A lo largo de cuatro décadas, Molina ha perfeccionado su oficio, convirtiéndose en el único artesano del estado que trabaja esta técnica. El proceso incluye cosechar, secar, teñir y combinar los colores cuidadosamente.
Foto: Ana Ortigoza
“Uso tres tonos base para lograr los matices. Lo más difícil es que el color agarre bien, porque no cualquier popote acepta la anilina. Es un trabajo muy complejo, pero también muy gratificante”, explicó.
Con orgullo, compartió que su arte ya tiene una nueva generación de herederas… sus tres hijas, que además de estudiar, lo apoyan en la elaboración de los cuadros y en la venta de sus piezas.
“Esto es de familia, y me da gusto que a ellas también les guste. Yo ya no me doy abasto, así que me ayudan mucho. Somos una mini microempresa que apenas va empezando”, dice sonriendo.
Bajo el nombre “Arte con Popotillo”, Gilberto y sus hijas buscan mantener viva una técnica artesanal que hoy casi nadie practica.
La fibra se coloca sobre cera de abeja, y cada cuadro demora horas en elaborarse.
Foto: Ana Ortigoza.

